Con algunos pequeños placeres de la infancia me sucede que la sensación que generaron en mí perdura más allá del recuerdo. Hablo de comidas, libros, canciones, películas, chistes, series de televisión, hasta incluso de encuentros, personas, situaciones... Sé que eso me produjo un gran placer o alegría, tengo ese recuerdo encarnado, grabado, pero no logro recordar con detalle la cosa o persona.
En el caso de libros, películas, canciones, series de TV, etc., cosas que tienen un soporte material que se puede archivar, he conseguido en muchos casos recuperar el original. El canal de TV Retro y el sitio Youtube han sido de gran ayuda en ese sentido.
Lo que no he conseguido recuperar en algunos casos es la sensación que recordaba. Por ejemplo, durante muchos años en mi cabeza “Los Ángeles de Charlie” y “Starsky y Hach” eran lo más más de lo muy muy, aunque era incapaz de rememorar uno solo de los capítulos, ni siquiera una escena. Hasta que hace unos años vi una reposición y…. para qué los voy a engañar, una bosta, oigausté.
Por el contrario, cada vez, sí cada vez, que veo, en parte o en su totalidad, la película Top Secret, me produce el mismo placer. Es una chotera, pero qué-sé-yo, me mata de la risa.
El inconveniente de Retro es que uno no puede elegir qué van a reponer. El inconveniente de Youtube es que hay que saber qué está uno buscando; un título, un actor, un cantante, algo, que nos sirva de guía.
Y ahí es donde tropiezo en mis intentos por recuperar un recuerdo particular.
Yo tenía doce años y estábamos de vacaciones en Menorca. La Nena y yo no éramos muy sociables todavía, pero en una tarde de lluvia, en la que todo el mundo se quedó en el hotel, alcanzamos a hacernos amigos de una inglesita que estaba tan al pedo como nosotros.
Se llamaba Jackie Padgett. Se me quedó grabado porque la susodicha tenía una cámara de fotos compacta (lo que entonces se entendía por compacta, claro, estamos hablando de 1982, algunos de uds. ni siquiera habían nacido) en cuyo estuche unas letras plateadas adhesivas: J A C K I E P A D G E T T, dejaban bien claro que el artefacto le pertenecía. Una inglesa sosa más, con pelo color panocha cortado a medio cuello, pero una inglesa con un radio cassette en el que reproducía música de sus pagos.
Pasamos toda esa tarde escuchando dos canciones: “one step beyond” de Madness y otra. Esa otra, de la que no sabíamos (u olvidamos) el título e intérprete, es la que mi mente persigue. Finalizadas las vacaciones mi hermana y yo la tarareamos durante unos meses para no olvidarla, pero finalmente se fundió dejando sólo una vaga sensación de genialidad, de acordes que empujan a bailar, de placer.
Y hasta hoy en día, de vez en cuando sueño que la escucho de nuevo, y cuando me despierto, en ese estado intermedio entre el sueño y la realidad sé que está ahí, en la punta de la lengua -o de la mente- pero se me escapa irremediablemente dejando en mi cabeza solamente los ecos de One Step Beyond, la impostora.