lunes, 3 de septiembre de 2007

Ирина Алэксандревна (Irina Aleksandrievna)

Era 1987 y yo estaba en C.O.U., Curso de Orientación Universitaria, una especie de año puente entre el bachillerato y la Universidad, que estaba dividido en dos grupos: Ciencias y Letras, según el tipo de carrera que uno quisiera cursar. Decíamos, los de ciencias, claro, el que vale, vale, y el que no, va-a-letras.

Me estoy yendo por las ramas.

Bueno, decía, yo estaba en ciencias, y era un nerd. Pero era un nerd algo sui generis, era un nerd-heavy-metal-en-una-escuela-de-pijos (léase: chetos ¡malpensados!).

Me estoy yendo de nuevo por las ramas.

El caso es que en mi nerditud me dio por los idiomas. Estaba cursando el cuarto y último año de inglés en la E.O.I. (Escola Oficial d’Idiomes) de Barcelona. La EOI era un emprendimiento de l’Ajuntament de Barcelona, para proporcionar cursos de idiomas con muy buen nivel (los profesores eran casi todos nativos) a precios al alcance de cualquiera. Una maravilla. A los cursos acudía gente de todo tipo, en un rango de edades de los 14 a los 70. Claro, yo era un adolescente, codeándome con veinteañeros, estaba en la gloria, me encantaba ir a la EOI. Y como quería seguir yendo, decidí empezar a estudiar otro idioma.
Ruso.
La gente suele creer que el ruso es un idioma arisco, seco, como el alemán o el holandés. Nada más lejos de la realidad, el ruso es uno de los idiomas más dulces al oído que conozco. Además de dulce, es muy completo. Tiene prácticamente todos los fonemas que conocía (los del catalán + castellano + inglés) y para cada uno de ellos tiene una letra, el alfabeto cirílico es mucho mayor que el latino. Disfruté las clases de ruso, como he disfrutado pocas cosas en la vida. Lo disfruté durante los dos años y medio que lo estudié. A mitad de tercer curso, lo tuve que dejar, ya que estaba en segundo año de universidad, había empezado a estudiar alemán, que me era mucho más conveniente desde un punto de vista profesional, o eso creía yo entonces, y trabajaba los fines de semana, para juntar unos cuartos para las vacaciones… no me daban los tiempos y tenía que dejar algo. Sacrifiqué el ruso. Una mierda la madurez, qué quieren que les diga.
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El caso es que había cuatro profesoras, todas ellas rusas, todas ellas en sus cincuentaymuchos. La nuestra se llamaba Irina Aleksandrievna. No me acuerdo del apellido, sólo del nombre y patronímico. Respondía a la perfección a lo que el imaginario popular considera una señora rusa. Gordita, rubia de pelo corto, piel extremadamente blanca, ojos grises… siempre me hizo pensar en un oso.
Irina nos trataba como a niños; debe haber sido maestra en Moscú. Nos hablaba muy seria siempre y nos retaba si no hacíamos la tarea, o la hacíamos mal. Nos ponía canciones para que aprendiéramos más vocabulario, y nos hacía cantarlas. Acompañaba el aprendizaje del idioma con anécdotas sobre la vida en Rusia… cuantos recuerdos.
El caso es que, al final del primer trimestre, antes de las vacaciones de navidad, hicimos una fiesta en la clase, en la que compramos entre todos unas gaseosas, unas cervezas y unos snacks. Lo típico. Irina, el oso casi sexagenario, se cayó con un cassette de música rusa para bailar y dos botellas de vodka helado para tomar solo (amenazó con suspender a quien cometiera la heregía de mezclar el vodka con gaseosa). Puso la música, se tomó un par de vodkas seguidos y empezó a enseñarnos a bailar… y de a poquito empezamos todos a imitarla, con el baile, y con el vodka. Nos agarramos todos un pedo histórico, pero lo más importante es que desde aquel día, vimos a Irina con otros ojos, con el respeto y el cariño que sólo un par de botellas de vodka pueden proporcionar.

Фодор Лобсон

15 comentarios:

Lucy in the Sky dijo...

Qué personaje adorable. Y qué lindo es ese momento en el que cambiamos la perspectiva y una figura tan formal adquiere una imagen más familiar. Hermosa anécdota, Fodor.

gerund dijo...

...o sea que usted entiende los quilombos de nombres que hacen Tolstoi y Dosto y toda esa gente? Qué envidia, muchacho (no tanto por eso, sino por su poliglotez)!

a do ra ble indeed

Maguila dijo...

Dejando de lado (aunque no menospreciando) el hecho anecdótico de la fiesta, el vodka y la mamúa, me pareció sumamente interesante la idea que encierra el relato en cuanto a que los "trataba como niños" etc., la capacidad de razonamiento, es innegable, está estrechamente ligada al lenguaje y bien se sabe que alguien no aprende a dominar un idioma si no hasta que se logra "pensar en ese idioma", es decir que para el ruso, yo particularmente, soy un bebé y para otras lenguas (por ejemplo arameo antiguo) ni siquiera he nacido, ya que no soy capaz de distinguirlas de un eructo de sanguche de mortadela. Entonces esta manera de enseñar idiomas me parece la adecuada, lo que se enseña en las escuelas de idiomas es lengua extranjera, gramática, semántica y a veces literatura del idioma en si, pero para "enseñar el idioma" hay que hacerlo como lo hizo Irina.

iaiune dijo...

Qué linda anécdota.
Es curioso como a veces el conocimiento de una persona ejerciendo un rol, nos hace olvidar que ha de gustar de las mismas cosas que a los demás.

Ana C. dijo...

Una historia maravillosa la suya con el ruso y la rusa. Nada como un aguardiente helado para romper el hielo.

Subjuntivo dijo...

Perfecto entonces: la próxima cerveza sale con la explicación de Crimen y Castigo, por favor.



Tal vez deba hacer yo como Irina con mis alumnitos: entradle a la vodka, camaradas!



S.

Carpe diem dijo...

Sr. Фодор Лобсон, coincido con usted en las alabanzas al ruso, ¡qué idioma, señores, qué idioma! Nunca fui más allá del ruso básico (BÁSICO), pero tiene tanto del latín y del griego que sorprende a cualquiera. Cuando termine mi aparente infinita segunda carrera, me daré el panzazo idiomático que me estoy reservando... hasta perder la última tuerca que me queda.
Muy linda su historia, y el vodka le deja su sabor particular. Salud!

lauruguacha dijo...

Puaaah, el pedo de vodka es bravo! ( Espero que no le hayan echado la culpa al comunismo) Jueeeee.

sibila dijo...

fodor: no lo he abandonado. aún guarda un lugarcito en su balcón?
pase por mi casa.
tiene un premio que retirar.

maldita dijo...

Seguro que con tanto vodka, hasta Lobito estaba contento...

;)

Fodor Lobson dijo...

Lucy,
definitivamente, el alcohol lo puede todo

Gerund,
en el próxim post publico una anecdota relacionada con mi supuesta poliglotez

Maguila,
mmm qué interesante approachel cuyo, no será que extraña la niñez???
abrazo

Iaiune,
todo depende del color del licor co que se mire. cuack

Ana C
Y usted no está tan lejos de los vodkas rusos o finlandeses

Subjuntivo.
OK, pero primero le explicoun poco de Guerra yPaz, humm ¿un poco?

Хорошо Карпэ!!

Uru,
noo,las culpas hayque distribuirlas bien. La culpa del pedo es del alcohol y de las malas compañias.

Sibila,
but of course, muñeca, acá en la sombrita, ahora que ya no hay nieve, ¿quiere?

Maldita,
Imafginese que Lobo y Rody andaban del brazo diciéndose lo buenos amigos que son y lo mucho que se quieren

Carpe diem dijo...

Cпасибо, Фодор.

Já.

Fodor Lobson dijo...

Пожалуйста

sibila dijo...

fodor: entendi´´o lo del premio?
pd. no funcionan mis acentos. je!

Ana C. dijo...

Ni le cuento de los aqvavits daneses, noruegos y suecos.