viernes, 22 de septiembre de 2006

Los Apestados

Los fumadores somos los nuevos apestados, todo el mundo nos odia.

Con una pequeña diferencia, la gente se apartaba de los apestados. A nosotros nos echan. De todos lados. E incluso, en aquellos pocos reductos en los que todavía se puede fumar, uno no está seguro de recibir miradas o comentarios reprobatorios o humillantes por parte de algún fumador pasivo (también conocidos como "no fumadores activos"). Y ya no son solo los extraños, ya nos están empezando a maltratar nuestras familias, amigos, colegas y amantes.

Vivimos en un continuo estado de culpa, en el que cada vez que prendemos un cigarrillo lo hacemos mirando a todos lados, escondiendolo para que se vea poco, disipando el humo con la mano, perseguidos. Lo peor de todo es que los demás tienen razón, fumar es malo para la salud, y el olor que queda impregnado en la ropa es nauseabundo.

Tienen razón. Pero el placer de fumar un cigarrillo mientras uno se toma una buena taza de café, no tiene igual.

5 comentarios:

damaris dijo...

y ahora los bares, encima, nos joden llenando las veredas de mesas...fuck off, telerman

Fodor Lobson dijo...

Terrible, pronto nos van a aislar en una isla, para que ni siquiera en la calle molestemos, no vaya a ser que el humo de nuestros cigarrillos enmascare el dulce aroma de los escapes de los colectivos. Grande Dámaris, no se si imaginarte con boquilla o con una pipa.

Ramona dijo...

Y a mi se me ocurrió empezar a fumar despues de un año y medio de haber logrado sacarme la nicotina del sistema, justo cuando surgió la nueva ley antilibertadpuchera!

Ahora dejo en los proximos días solo para probarme que puedo, y luego pienso empezar nuevamente...Je! Es que hay una verdad, y solo una...El fumador nunca deja de serlo...como el alcoholico con su OHO.

Cassandra Cross dijo...

uh, mirá donde vengo a firmar (y bue, para anárquica no hay como yo)

está usted seguro de que no hay placeres mejores? me disculpa, pero puedo nombrar varios... y nunca, jamás, probé un cigarrillo (ni pienso hacerlo) para comprobar cómo combina con el café.
En mi haber sólo hubo un hombre fumador. El gusto que tenía en la boca era insoportable, tanto que prefería hacer prácticamente cualquier cosa con él con tal de que no me besara.

Pero son gustos. Y no considero a los fumadores ningunos apestados... pobres, qué culpa tienen, una vez que te agarra el vicio...

¿...? dijo...

Perdón, ¿tiene fuego?